El primer día de cole se presentan con intereses contrapuestos: para los padres es un día angustioso por varios sentimientos encontrados; pero para el niño también es un día de inquietud porque se enfrenta a un mundo desconocido, crece en él la sensación de que se está haciendo mayor y se le abre un escenario fuera del hogar que va a ser un nuevo espacio donde se va a desenvolver.

Temores muchos que surgen por una responsabilidad adquirida, porque abandona la seguridad de los padres, por encontrarse con personas nuevas, por frustrar la expectativas que han puesto en él o decepcionar a los más allegados… Supone una prueba difícil a la que está sometido, por mucho que se la vistan de colores. El día anterior le ha costado dormirse y a la hora de levantarse el día se le presenta distinto.

También es una prueba para los padres, también para ellos se abre una nueva etapa y con pasos pesados se van acercando a esa verja que separan espacios de dentro y de fuera del cole, pero también tiempos en un antes y un después: el niño –el hijo- va a ser compartido y la influencia que va recibir no va a ser sólo familiar, sino también externa. Miedos que nos acosan de forma insistente. Hemos montado al niño en un tren cuya pretensión es lograr que sea una persona social y donde él irá pasando de un vagón a otro hasta ir completando destinos varios. No obstante, no permanecemos en el andén, sino es el mismo tren en el que estamos subidos nosotros, por eso podemos y debemos seguir todo el curso de su trayecto.

El niño experimenta ahora una dualidad de funciones y de ámbitos: el cole y la casa. Por lo que los padres deben procurar que no haya una dicotomía, sino un paralelismo lo más acorde posible, esto se consigue a base de diálogo con los hijos y con los que serán/son los coautores de su educación, los profesores. En esta extrañeza de compartir algo tan entrañable, debemos de asumir que el cole es una institución forzada que ha surgido recientemente, pero se ha hecho tan necesaria que se presenta hoy día imprescindible. En efecto, hasta hace bien poco la educación se trasmitía en el ámbito de la familia y con el contacto directo con el mundo de los adultos que le facilitaba la incorporación al trabajo productivo. Con la expansión industria es cuando se propaga la instrucción como adquisición de ciertas habilidades y conocimientos que contribuyan al desarrollo económico. Son los mismos trabajadores los que reivindican para sus hijos la posibilidad de acceso al sistema educativo, de forma que a cabo de los años se generaliza y se hace obligatoria, la escuela se erige en institución.

El cole para el niño se convierte en un ámbito básico de socialización en dos aspectos distintos pero complementarios: el primero de ellos es el de la relación con otros niños que se encuentran en la misma situación, ellos configuran los grupos de iguales, núcleos sociales de asimilación e integración. Son los primeros amigos que perduran en el tiempo. De tal forma que los niños que no están escolarizados están evocados a la marginación social en el sentido más amplio, los out sider.

Además, la escuela le transmite una cultura general que le permite enlazar con otras personas de su entorno en asentimientos y comportamientos. Otro capítulo que se adquiere en la misma partida es una serie de conocimientos específicos y habilidades que darán cuenta de su capacidad productiva. Se imparte una educación que se extiende para todos hasta más allá de la adolescencia, los contenidos es uno de los múltiples problemas que se plantean asociados a la enseñanza para los adolescentes. Los planes de reformas y contrarreformas que jalonan los diferentes ensayos que nos muestran la complejidad de una solución satisfactoria. Hasta hace algunos años, la enseñanza secundaria estuvo reservada a una minoría que podía acceder a la universidad; hoy está abierta a todos los jóvenes hasta cumplir los dieciséis años. Es un gesto y una extensión más de los niveles de democratización social. No obstante, en una primera fase la escuela se nos presenta como el marco inicial de integración del niño en la sociedad, no tiene ese sentido competitivo que adquirirá en etapas avanzadas.

Puede cuestionarse mucho sobre los métodos y objetivos de la enseñanza, pero no se hace gran favor al niño presentarle unos conflictos que refrenen su aprendizaje y su acomodación al sistema, que de por sí le resulta duro mantenerse al día, superar los cursos, pasar de vagón en vagón en ese tren que no acaba de llegar a su destino. La enseñanza sigue y los debates en ella son permanentes porque detrás de cada uno de ellos está la valoración y consideración que nos merecen las personas, y ahí nadie ha llegado a una respuesta concluyente.

Santos María Martínez

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La foto tiene el origen de: http://www.bancoslowcost.net

Hay 4 comentarios en este post

Espacio privilegiado

Gracias, Santos.

Creo, entonces, que la escuela es un espacio privilegiado para la educación para el desarrollo, para la solidaridad, para la corresponsabilidad. Por su puesto hay otros espacios y tiempos muy buenos y recomendables, pero en los que no siempre todos los niños y niñas participan.

Ojalá sepamos llevar esa educación que transforma allá donde vayamos.

Leticia Alonso Sánchez

Enviado el 29.01.2010 a las 10:09

la escuela también tiene su cara amarga

Leticia, te contesté el otro día, pero no sé por qué maraña de la red se habrán metido mis palabras, no obstante te diré que es una suerte la escuela, como es una suerte el saber, sin que este capítulo esté nunca satisfecho. No obstante, tiene un peligro que te diré el próximo día: la escuela también tiene su aspecto discriminador. Es por lo que hay que apoyar mucho a los niños en su etapa de estudiante. Esto es lo que te venía de decir. Un abrazo de Santos María
Enviado el 11.02.2010 a las 12:02
Imagen de SusanaPV

Hola Santos, He leído con

Hola Santos,

He leído con sumo interés tu artículo y no puedo estar más de acuerdo contigo en todo lo que dices. La escuela debe apoyarse en los padres y viceversa, ¡¡pero qué difícil parece que se está poniendo!! Deberíamos también echar un vistazo al papel de las nuevas tecnologías, el mundo de la información, las redes sociales, etc...Para los que tenemos jóvenes en casa todo este mundo va muy deprisa y es difícil ver su alcance.

Un saludo,

Susana Pastor

 

Enviado el 04.02.2010 a las 13:46

El mundo va muy deprisa

Me ha gustado tu frase, Susana, en efecto va muy de prisa, estoy pensando que nuestro abuelos se acomodaban mejor al mundo porque iba más despacio, quizá ese era el ritmo biológico de acoplarse. Pero no estamos acostumbrados a un cambio tan súbito, pero es el que llevarán nuestros hijos. Además, soy de lo que mantengo que mi generación fue de un cambio repentino inesperado, recuerdo de haber echado un plástico a la lumbre baja de casa de mi abuelo -era la costumbre porque no se generaba basura- y expelió un humo denso, mi abuelo me advirtió “no vuelvas a echar el plástico en la lumbre, este material va a traer muchos problemas al campo y al hombre”. Me parecieron unas palabras muy solemnes pero estoy seguro que no sabía todo lo que estaba diciendo. Pues aquellos niños hemos saltado al internet, al teléfono móvil a subir al avión, cuando antes la modernidad era la tartana. ¿Estamos preparados para esto o solamente somos unos usuarios? No lo sé Un abrazo de Santos María
Enviado el 11.02.2010 a las 11:55

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